FEDERICO SIGUE EN LA RESIDENCIA DE ESTUDIANTES

FEDERICO SIGUE EN LA RESIDENCIA DE ESTUDIANTES

Hay asesinatos que mutilan la herencia de un país. El de Federico García Lorca fue uno de ellos. Cuando lo mataron en una cuneta,  en la carretera que une Víznar con Alfacar, también dispararon e hirieron de muerte al conocimiento, al goce, al disfrute, al viaje imaginario, a la inocencia infantil, aquella con la que él escribió versos en los que un niño miraba la luna.

Federico García Lorca tenía entonces 38 años, Pero su destino estaba escrito, juzgado y truncado .Mientras pudo, sembró las bases de la historia poética. Y cuando lo cubrieron de tierra, sus ideas, su prosa y versos brotaron por encima para pedir justicia por él y por los que le acompañan. No siempre la infancia de un poeta influye de manera tan decisiva en su destino de artista, pero en el caso de Federico, puede afirmarse sin la menor duda. Esa infancia suya, en contacto con la naturaleza y con el elemento humano más expresivo y rico en fantasía de España fue decisiva para el nacimiento de su alma de poeta.

Cuando en la primavera de 1919, a los 21 años, llegó Federico a Madrid para ampliar sus estudios universitarios e instalarse en la Residencia de Estudiantes  se sentía ya poeta, aunque sólo había publicado un libro de prosas poéticas “Impresiones y paisajes”, fruto de un viaje universitario por varias regiones españolas.

Y cuando Federico llegó a la Residencia, nunca quiso irse. Así lo demuestra una carta que el poeta envió a sus padres el 10 de abril de 1920 donde defendía la necesidad de quedarse en aquel cuarto:

«¿Qué hago yo ahora en Granada? Escuchar muchas tonterías, muchas discusiones (…) Aquí escribo, trabajo, leo, estudio. Este ambiente es maravilloso. Casi no salgo. (…) Pero lo más principal para no poder marcharme no son mis libros, sino que estoy en una casa de estudiantes ¡que no es ninguna fonda! (…) Yo, por más que por otra cosa te suplico que me dejes aquí (…) A mi ya no me podéis cambiar. Yo he nacido poeta y artista como el que nace cojo, como el que nace ciego, como el que nace guapo. Dejadme las alas en su sitio, que yo os respondo que volaré bien».

Ahora, la Residencia de Estudiantes acoge la exposición «Una habitación propia», que recuerda la presencia permanente de Federico y de su memoria en la Residencia, los destinos entrelazados del poeta y su casa en Madrid. En ella se exhiben manuscritos, dibujos, pinturas y fotografías sobre su vida en la célebre institución. Por eso la exposición refleja esa complicidad y ese conjunto de cosas que formó a una persona tan fuera de serie como Federico

Los versos de Federico, aquellos que enseñaron a sus lectores a sentirse libres, a volar como los pájaros, a escuchar el canto de los chopos y a mecerse en las ramas de los olivos, todavía viven en la Residencia. Es la Residencia la que está bajo la piel de Federico García Lorca. Dejó el lugar pero nunca se desvinculó del todo. Por eso, cuando Rafael Alberti la visitó años más tarde, aseguró que Federico seguía allí “alborotando celdas y jardines”. Sus versos retumban en todas las esquinas de la Residencia.

Algeciras a 16 de julio de 2017

Patricio González

 

Sé el primero en comentar

Deja un comentario