Un picado misterioso

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Władysław Eugeniusz Sikorski

(Tuszów Narodowy, Imperio austrohúngaro, 20 de mayo de 1881 – Gibraltar, Reino Unido, 4 de julio de 1943) fue un militar y líder político polaco, que conjugó el cargo de presidente del gobierno y comandante de las fuerzas armadas polacas al comienzo de la segunda guerra mundial.

Władysław Sikorski
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El general Władysław Eugeniusz Sikorski

Las circunstancias exactas de su muerte permanecen en discusión, lo que ha avivado las teorías actuales de la conspiración. El día 24 de mayo decidió acudir a inspeccionar las fuerzas polacas que combatían en Oriente Medio al mando del general Władysław Anders, acompañado por su hija; su jefe del Estado Mayor, mayor general Tadeusz Klimecki; su jefe de operaciones, coronel Andrezej Marecki; su ayudante naval; su secretario personal y el oficial de enlace británico Victor Cazalet. El Liberator en el que viajaban iba pilotado por el teniente checo Edward Prchal. Tras seis semanas en Oriente Medio, a petición del propio Sikorski, el viaje se realizó con el mismo avión y con el mismo piloto. En el último momento y antes de despegar, a las cinco de la mañana del sábado 3 de julio, surgieron tres pasajeros, aparte de los seis polacos y el enlace británico: el brigadier J.P. Whiteley, parlamentario inglés, y dos civiles, Walter H. Lock y el «señor Pinder», de identidad real desconocida aunque probablemente se tratara de agentes del Servicio Secreto Británico.

El avión llegó a Gibraltar para realizar una escala técnica a las seis de la tarde del mismo día. El general fue recibido por el gobernador Noel Manson-Macfarlane y el oficial de enlace polaco Ludwik Lubienski. A la mañana siguiente llegó al peñón el embajador soviético en Londres, Ivan Maisky, a quien no se le comunicó la presencia de las autoridades polacas para no crear un incidente diplomático. Esa misma mañana, Maisky siguió viaje a Argel y días después del accidente, acuso veladamente al gobierno británico. Al día siguiente, Sikorski mantuvo reuniones de estado y recibió correos de Polonia (uno de ellos, Gralenski, le ofreció llevarle a Londres en su avión). A las 10 de la noche, junto con el gobernador se dirigió al aeropuerto para embarcar en el Liberator.

El avión recorrió los 1650 m de la pista con los 17 ocupantes a bordo y se elevó a 690 m de altura. Cuando todo parecía ir bien, el avión picó de forma brusca y el piloto apenas pudo parar los motores antes de que el avión se estrellase en el mar. Desde la lancha de salvamento que se envió inmediatamente después del impacto, se lograron rescatar tres cuerpos; dos de ellos eran los cadáveres del general Sikorski y su jefe del Estado Mayor, Klimecki. El tercero era el del piloto Prchal, que aun seguía vivo, por lo que fue trasladado al hospital y donde conseguiría recuperarse. En días sucesivos, lograron encontrar el resto de cuerpos, menos los de Sofia Sikorski, el del segundo piloto y el del «señor Pinder».

A partir de este punto, las primeras voces acerca de «casualidades», surgieron del embajador Maisky y de Joseph Goebbels, quien declaró: «Al igual que en el caso del almirante Darlan, Sikorski ha sido asesinado por el Servicio Secreto británico, que no tolera que haya personalidades independientes que puedan entorpecer la política de Winston Churchill».

La hipótesis del sabotaje fue descartada, ya que el 7 de julio la Comisión de Investigaciónde la RAF, se entrevistó con 28 testigos, incluyendo a Prchal. Todos declararon que se debió a un fallo del piloto. Los restos del Liberator fueron custodiados por comandos especiales y centinelas de la RAF.

Hay un punto discordante, en el que los testigos recuerdan que Prchal no llevaba el chaleco salvavidas, según su costumbre y al parecer, cuando fue recogido por la lancha de salvamento, era el único que lo llevaba.

En el año 1964, el escritor Rolf Hochhuth recibió la visita de un individuo que se identificó como miembro de los Servicios Secretos británicos y jefe del equipo que saboteó el avión de Sikorski. Le ofreció diversas pruebas y le pidió que no revelase su identidad hasta su muerte. El mismo autor, escribiría la obra de teatro Los soldados, en la que Churchill aparece como responsable de la muerte de Sikorski. Esto creó un gran revuelo en Inglaterra.

Todos los cuerpos hallados recibieron sepultura en diferentes lugares. Curiosamente, el otro civil, Walter Lock, desapareció sin dejar rastro. Ni este, ni el «señor Pinder», figuran en el Registro Oficial de Defunciones de Gibraltar. Los restos del Liberator, que se enviaron a Inglaterra para su estudio, nunca llegaron a su destino.

(Fuente: Wikipedia)

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