Una arena fina sostiene mis pies descalzos…

Una arena fina sostiene mis pies descalzos. La sensación de frialdad que percibo en las plantas de los pies, se ve contrastada por la bondad del clima que me acoge, aunque siempre está presente una abundante humedad.

Sin duda este entorno disfruta de uno de los microclimas más ventajosos de todo el continente europeo. Estoy rodeado de maravillosos arenales salvajes a orilla del encuentro entre dos mares, Mar Mediterráneo y Océano Atlántico. Es la “Gran Avenida del Mundo”, la calle de agua, el Callejón del Estrecho.

Antes que yo pisaron esta arena bizantinos y visigodos, musulmanes y hasta piratas, Barbarroja saqueó Gibraltar hace años. Todo huele a la mezcla de culturas que convivieron durante años antes de que sucediera la reconquista. Hay en estas tierras restos innumerables que lo certifican. Somos afortunados de contar con el testimonio físico de la arqueología que pervive a pesar del maltrato y descuido al que por veces es sometida. Castillos, bellas iglesias barrocas y renacentistas, palacios, fortificaciones y torres almenaras, Oba, Ximena, Caetária, Berbésula, Mellaria y Baelo Claudia (s. II a.C), entre otras bellezas de la historia. Y existe la certeza de que mucho antes que ellos poblaron estas tierras en el Paleolítico.

Me acerco a la orilla y no soy del todo consciente que mis pies se mojan por dos aguas a la vez, será que los fluidos no entienden de diferencias y se mezclan sin conflictos; quien pudiera ser agua y nunca presentar conflicto. Aunque los vientos que aquí confluyen son creadores de corrientes que han puesto en peligro a aquellos que se han atrevido a cruzar los catorce kilómetros que nos separan de la otra orilla, el continente africano. Agua indispensable para la vida, pero que por veces se agita y se convierte en cementerio de aquellos cuerpos que ya nunca se recuperarán. Llega formando olas coronadas de espuma que muchos valientes surfean caminando sobre ellas, como anduvo Cristo sobre la mar, y terminan por estrellarse en la arena.

El tiempo camina a otro ritmo cuando disfrutamos de toda esta belleza. Atlanterra, Zahara de los Atunes, Bolonia, Valdevaqueros, los Lances… hasta encontrar abrigo en el Rinconcillo, Getares y San García. Sin olvidarnos de Santa Bárbara, la Atunara o Poniente.

Todavía no he encontrado cómo transmitir tanto encanto, tanta magia que aquí existe. ¿Por qué no acudir y conocerlo? ¿Por qué no entrar y formar parte de las estampas que aquí se hacen posibles? No sé cómo explicar la manera en la que quedo maravillado al disfrutar de arena, agua y sol unas horas cualquiera en cualquier rincón de los que nos ofrece este nuestro Campo: Parque Natural del Estrecho.

Sé el primero en comentar

Deja un comentario